FELIZ FERIA DEL LIBRO - La senda de Sulus
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FELIZ FERIA DEL LIBRO

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FELIZ FERIA DEL LIBRO

Por estas fechas, mi primera novela, QUERIDÍSIMA ELENA: DESDE EL FRENTE DE BATALLA, cumple 20 años desde su concepción, unos 15 de su redacción definitiva y casi diez desde su aparición en librerías. Sigo suscribiendo su final, un homenaje a todos los jóvenes muertos en la guerra, en cualquier guerra:

 

De la Barca y Máximo caminan muy despacio, todo sigilo para no estorbar el sueño de estos guerreros cansados, sucios y rotos, que han sabido matar y morir, que han cantado y han llorado lágrimas de fuego sobre sus rostros y han rezado sus rosarios de treinta y tres cuentas –mismo Dios, mismo Alá –al-Ghaffar, al-Ba’ith-, mektub, amén. Máximo mira hacia su Madrid, ladrón, ladronazo, lejanísimo y sobre el que muy tímidamente despunta un minúsculo rayo de luz por un intersticio de la costra gris de la guerra. De momento es sólo una promesa, casi una mera intuición, una señal no más abriéndose paso entre las tinieblas y la obscuridad y la bruma de los combates para alumbrar, como en el viejo cuadro de la caballería francesa, la larga fila de muertos que elevan su juventud truncada hacia el espíritu de los cielos, los jóvenes tronchados, partidos por la mitad pero sonrientes al fin realizando todos los sueños de amor y de vida que ya no podrán realizar aquí, en la dura tierra de Brunete, de Madrid, de España, que sonríe con plomo en las entrañas. Son las vidas sin hacer haciéndose al caminar hacia un infinito que su sangre generosa –la de los Unos, la de los Otros- les abre de par en par al fin para disfrutar de la verdadera paz, esa que hace realidad el viejo adagio guerrero: “Sólo los muertos llegan a ver el final de la guerra…” Lejos, muy lejos, más allá de Madrid y de los años, el sol empieza a amanecer.

Quiero el libro “Queridísima Elena”

 

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