La vida, ese frágil regalo, esa poderosa, única e irrenunciable oportunidad - La senda de Sulus
15684
post-template-default,single,single-post,postid-15684,single-format-standard,qode-listing-1.0.1,qode-news-1.0,qode-quick-links-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,paspartu_enabled,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-12.0.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.2,vc_responsive
 

La vida, ese frágil regalo, esa poderosa, única e irrenunciable oportunidad

La vida, ese frágil regalo, esa poderosa, única e irrenunciable oportunidad

(Una reflexión sobre la novela QUERIDÍSIMA ELENA: DESDE EL FRENTE DE BATALLA…)

Queridísima Elena

Fernando Calvo, amigo, compañero de proyectos y fundador y director de Sulus, me pide que escriba una breve reseña de su novela “Queridísima Elena: Desde el frente de batalla…” (Galland Books, 2009) y que no la convierta en un panegírico a su obra o a él mismo. Y yo, que le respeto tanto, voy a tratar de satisfacer su petición poniendo el foco directamente sobre aquello que para mí es la esencia de este libro –y también de otros que a él debemos– y lo que distingue su trabajo del de tantos otros escritores que han visitado la historia contemporánea española y la de sus guerras más recientes. Fernando escribe con un amor profundo a todo lo humano y con una genuina vocación de paz que se eleva por encima de fórmulas racionalizadoras y voluntaristas. Describe la guerra y, aunque en ningún instante esconde o disimula su pasión y su erudición acerca de la institución, la acción y la historia militar, no nos ahorra ni uno solo de sus espantos. Y en cada personaje –desde los protagonistas, sus compañeros y sus enemigos hasta la gente anónima que sobrevive o sucumbe al horror, la violencia, la crueldad y la angustia cerca o lejos de la primera línea de batalla– ve una vida humana, un ser vulnerable, en la mayoría de los casos obligado por las circunstancias a ocupar un lugar indeseado e indeseable, en todos ellos susceptible de equivocarse, flaquear o ser traicionado. Lo hace no sólo cuando relata los episodios de tregua y confraternización sobre la tierra de nadie que separaba la doble cicatriz de las trincheras a lo largo de decenas de kilómetros en torno a Madrid durante la Guerra Civil, sino en cada escena y pasaje del libro.

Jamás olvida que la lucha a la que todos sus personajes se han visto abocados es injusta y despiadada y que al final, al margen de los motivos y motivaciones que empujan o animan a cada uno a participar en ella, todos habrán de perder inevitablemente: si no la vida, la salud, la integridad, la inocencia, a sus seres queridos, una forma de vida y, en innumerables casos, la fe, la confianza, la esperanza, sin lugar a dudas la paz. La de adentro y la de fuera. Porque el miedo y el dolor creados y multiplicados durante esos años no se detienen en aquellos que vivieron de primera mano la contienda y sus desastres, sino que se prolongan y ramifican de múltiples formas entre sus descendientes. Y en ese miedo y ese dolor, como en cada uno de los sentimientos que nos asaltan por supuesto en situaciones extremas, pero también en nuestra vida cotidiana, todos somos en la misma medida humanos y en la misma medida dignos de vivir y de hacerlo en paz.

Escribir como lo hace Fernando, sostener y defender esta comprensión de la realidad que creamos entre todos requiere poseer un conocimiento hondo de lo que significa e implica la vida humana y respetar sin ambages todo cuanto ésta trae, mueve, provoca, arrebata. Hay quien nace con este don, hay muchos que tienen la suerte de aprenderlo durante su infancia, la mayoría necesitamos tiempo y acumular experiencia antes de poder integrarlo, algunos sólo lo logran en el momento de la muerte.

Leyendo la novela de Fernando, reflexionando sobre esa guerra que partió el alma a varias generaciones de españoles y sobre tantos otros conflictos pasados y presentes, en marcha o latentes, armados, políticos, de convivencia, contra la humanidad, deseo y ruego que cada vez sean más –y cada vez antes– los que incorporan a su estar en el mundo esta conciencia del otro y de uno mismo, de la responsabilidad propia y compartida, del deber fundamental de anteponer siempre, a cualquier diferencia o disensión, bajo cualquier circunstancia, aun en las más exigentes o terroríficas, la vida, ese frágil regalo, esa poderosa, única e irrenunciable oportunidad.

FIRMA INVITADA PARA EL BLOG LA ANTORCHA
Teresa Muñoz Sebastián
Lengua Fértil, Traducción e Interpretación
https://lovelikewedoproject.com/

1Comentario
  • Carmen Calvo
    Publicado a las 08:29h, 09 febrero Responder

    Me ha gustado mucho la reflexión de Teresa Muñoz sobre “Queridísima Elena: Desde el frente de batalla…” de Fernando Calvo González-Regueral, estoy de acuerdo con todo lo que dice y además es un placer leerla porque escribe muy bonito. He visto en su comentario plasmadas muchas cosas que yo pienso sobre la obra de Fernando, tanto sobre esta novela como sobre el resto de sus libros, pero que no se expresar con la belleza con la que ella lo hace.
    La obra de Fernando es un canto al ser humano, en cada uno de los personajes de sus obras hay una vida humana, tanto en los personajes de ficción de sus novelas como en los personajes históricos de sus otros libros, pienso que eso es lo que despierta el interés del lector sobre sus libros, a mí me pasa, independientemente del tema que trate, te despierta un gran interés porque te importa lo que le pasa a cada personaje, esto para mí es muy importante cuando leo un libro. Además trata a sus personajes con un enorme cariño y respeto que contagia al lector. La humanidad de sus personajes es lo que yo creo que va a hacer que su literatura sea intemporal, clásica.
    También Teresa Muñoz nos acerca al ser humano que es Fernando Calvo, cuando dice que escribir como él lo hace requiere un hondo conocimiento de lo que significa la vida humana, efectivamente, cuando leemos sus escritos o escuchamos sus presentaciones sentimos que su herramienta de trabajo no es la palabra, es el corazón, un corazón entregado a los personajes de sus obras y a sus lectores y oyentes.

Deja un comentario